Agentes encubiertos policiales. El valor de la información. Caso de La Infiltrada. Artículo de Jack D. Miller, escritor y colaborador de la SCEC

Los agentes encubiertos o infiltrados son una de las herramientas legales más poderosas de la justicia

El cine tiene el poder de transportarnos a realidades complejas, llenas de tensión, de drama y de heroísmo a la vez. En el vasto universo del thriller, pocas películas logran el equilibrio entre realismo, emoción y acción como La Infiltrada, la obra que ha conquistado crítica y público de la gran pantalla, premiada con el más que merecido Goya a la mejor película. Este galardón no solo certifica la calidad de la cinta, valida su éxito en las taquillas.

Con una historia impresionante, una dirección impecable de Arantxa Echevarría y una actuación protagonista de Carolina Yuste y Luis Tosar digna de aplauso, La Infiltrada se convierte en una referencia obligada del género. Su trama, basada en hechos reales, nos sumerge en el peligroso mundo de la infiltración policial en las organizaciones criminales; en este caso la banda terrorista ETA.

Pintada de apoyo a la banda terrorista ETA en las calles del País Vasco

Goya

El reconocimiento del Goya a La infiltrada no solo recompensa la calidad del film; destaca su alcance temático al abordar un contexto tan complejo con autenticidad. El aplaudido discurso de su productora María Luisa Gutiérrez durante la gala lo pone de manifiesto: “La memoria histórica también está para la historia reciente de este país”, advirtió la cineasta en su discurso de agradecimientos, refiriéndose a las víctimas de ETA.

Sin duda, el guion de La infiltrada es una de sus mayores fortalezas. Cada diálogo está cuidadosamente construido para aportar profundidad a los personajes y mantener el ritmo de la narración. No hay escenas innecesarias ni pausas forzadas. La capacidad del argumentario para transmitir el riesgo constante al que se enfrenta la protagonista es indiscutible. El estremecimiento de estar al borde del abismo es un elemento que mantiene al espectador completamente involucrado con la historia.

La Ley Orgánica 5/1999 consagró la figura legal del agente encubierto en el propio corpus de la Ley de Enjuiciamiento Criminal

La valía de la infiltración

En la vida real, la infiltración ha sido un modus operandi clave para desmantelar mafias, cárteles del narcotráfico, bandas o grupos terroristas que no hubieran podido ser desarticulados de diferente modo. Hechos emblemáticos de “inmersión” de policías en las redes del llamado “crimen sin fronteras” y comandos terroristas han evidenciado que esta estrategia es una de las más efectivas para obtener información desde dentro y evitar crímenes y otros delitos antes de que ocurran. Por ello, la Ley Orgánica 5/1999 consagró la figura del agente encubierto en el propio corpus de la Ley de Enjuiciamiento Criminal.

De tal manera, en La infiltrada se acredita que las fuerzas de seguridad y las agencias de la comunidad de inteligencia necesitan algo más que los operativos tradicionales para desmantelar grupos terroristas y otras facciones jerarquizadas del crimen organizado. Los agentes encubiertos o infiltrados se convierten así en una de las herramientas legales más poderosas de la justicia.

Desde 1958, año en que se fundó ETA, la banda perpetró 3.000 actos terroristas y asesinó a 853 personas. Dejó asimismo 1.635 huérfanos, secuestró a 79 víctimas, extorsionó a 10.000 empresarios y arrojó por amenazas o miedo insuperable a cerca de 100.000 personas del País Vasco al exilio

Coste personal

Otro aspecto destacable de la película es la exploración del costo personal que implica este tipo de misiones. El guion nos muestra no solo los riesgos físicos a los que se enfrentan los policías infiltrados, también a las cicatrices emocionales que deja una vida de tensión constante. En esta aventura, la protagonista Arantxa Berradre, policía nacional, debe enfrentarse a dilemas morales, a la soledad de no poder revelar su verdadera identidad durante ocho años de “topo” y al peligro de ser descubierta en cualquier momento y morir de un tiro en la sien mientras dormía. Esta incertidumbre aporta una capa extra de realismo y humaniza al personaje, haciendo que los espectadores se impliquen aún más con la historia.

En la imagen, a la izquierda, pasquín difundido por ETA en los años 70 para localizar al infiltrado en la banda, Mikel Lejarza, “Lobo”. A la derecha, el libro “Secretos de confesión” sobre el caso, escrito por Lejarza y el periodista Fernando Rueda

Mikel Lejarza, El Lobo

Cabe citar por último otro ejemplo meritorio similar; el de Mikel Lejarza Eguía, alias El Lobo, que logró penetrar en ETA allá por los años 70. Este joven, de origen vasco, se infiltró por encargo de los cuerpos policiales en varios comandos etarras. Gracias a sus servicios, se evitaron infinidad de asesinatos y se pudo detener y poner a disposición de la justicia a la cúpula terroristas de la época. En 2004 se hizo asimismo una película, El Lobo, dirigida por Miguel Courtois, protagonizada por Eduardo Noriega y José Coronado, entre otros destacados actores.

Lo dicho, una obra impactante, cruda, valiente, con actuaciones y dirección impecables y, lo más importante, que conmueve al público. La infiltrada.

(*) Jack D. Miller, autor del artículo, es escritor y analista

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